La cholita que habla de sexo y algo más

Es aymara y argen-bol, escribe y representa relatos eróticos y políticos que incomodan a las señoras “bien”. Y decanta un dolor añejo y cotidiano donde jóvenes encuentran cobijo.

“Históricamente la lengua patriarcal, colonial y occidental ha definido la corporalidad bella como perfecta. Sedienta y racista se ha introducido hasta menoscabar, saquear y anular nuestra identidad ancestral corpórea y lenguas deseosas.” Dice Chana Mamani a modo de introducción en una muestra, donde recita junto a otra compañera “marrona” como Chana prefiere llamarse e intenta imponer desde sus relatos un movimiento que represente a quienes heredamos la tez cobriza, marrón o morena.

En su narración, dramatiza y expone el cuerpo al relato, mientras gira caminando alrededor de un awayu tendido en el piso, se quita los zapatos, se pone una pollera con bordados brillosos, característica de las mujeres paceñas, mujeres de polleras, cholas. Su compañera también se quita el vestido y lo cambia por otro más característico a su origen mapuche, ambas mientras narran se van agregándose accesorios al atuendo.

Se refieren a los apellidos, satirizan las acentuaciones que la gente suele darle a sus apellidos originarios. Hablan de la simbología de belleza que la sociedad “colonizante” impuso y rescata la belleza heredada de nuestras abuelas, “awichas”. “Somos bonitas y exóticas en el Buenos Aires Celebra y después el resto de los días del año, somos las sucias bolivianas villeras. Mapuche, terroristas. Pero un día al año Bs. As. Celebra que somos bellas”. Dicen en un fragmento de la muestra.

Sandra Condori Mamani, es su nombre, nacida en La Paz, Bolivia y traída a Buenos Aires por sus padres a los nueve años. Sabe por experiencia propia cómo es vivir como migrante, de padres migrantes, de discriminación y destierro. Eso mismo la motivó a trabajar voluntariamente en distintos ámbitos donde fuere necesario divulgar los derechos migratorios y de género. Así como vio la necesidad de estudiar una profesión que la involucre más en el territorio y egresó de la UBA como licenciada en Trabajo Social.

Allí también sorteó algunas dificultades, recuerda una experiencia con unas profesoras de tez “pomela” -como resuelve definirlas- que a final de cursada le exigían memorizar un modo de entrevistar a una migrante. Como si Chana Mamani no supiera de eso.

La diferenciación entre colores y sabores, a la vez, los impone convencida de que ha vivido la discriminación, en una suerte de alivio o denuncia satírica los empieza a plasmar en sus relatos o “yarawis” aymaras, donde combina poesía erótica y picaresca. Aprovecha y reivindica los rasgos físicos heredados y los describe en escenarios típicos del andar de un migrante, como en la estación Once, o un bar migrante,

“Lengüetazo marrón” titula uno de sus relatos “estoy en las verduras de tu sopa y en la abreviatura de tu boca” dice, donde desencadena una escena erótica.

En cada relato y poema dice “liberar esas mujeres calladas de placeres” y revelarla de la herencia patriarcal que la destinó por siglos al silencio relegado de la intervención social y política.

Chana ya fue invitada a diferentes espacios feministas como el del 30 aniversario de la revista Feminaria de Página 12, a la UNTREF donde disfrutó y fue bien recibida. Así como también hubo espacios donde pregonaban una actividad de “feminismo poscolonial” como lo fue en la UNSAM y la coordinadora de la jornada al parecer no sabía que Chana Mamani estaba citada en el programa o no sabía de qué se trataba la exposición vanguardista, por lo que no pudo mostrarla.

Mientras, ella sigue generando espacios donde emocionar. Luego de la muestra de su libro “Yarawis aymara” auto-gestionado desde las grampas que sujetan sus hojas nos dijo emocionada: “Me sorprendió la llegada de jóvenes y el refugio de esto. Jóvenes que me dijeron que sintieron el refugio y que estaban en la búsqueda de su identidad marrona- indígena diaguita”. Y pudimos ver que se abría un espacio para decir aquello que no se hablaba, “creo que se generó un ambiente íntimamente político, necesario en tiempos así cohabiten diferencias y que nunca esté por encima, debajo oprimiendo a otra” reflexiona.

Piensa y recuerda cuando empezó a escribir y siente desde lo más profundo de su piel una necesidad imperiosa “para mí es importante de-construir categorías de mujer ‘racializada’, boliviana, aymara y migrante que está signada en la Academia, muchas veces y entramada en la sociedad que nos deshumaniza.

Nos pone en sospecha y nos exotiza”. Y agrega pensando en las generaciones jóvenes “También es llegar a relatos futuros a jóvenes hijos de familias migrantes que tensionan ésas identidades de ser o no ser. Que es terrible porque ahí opera el racismo.”

Su escritura es polémica, le pone palabras e imágenes sensoriales al placer y a la vez la pone en la voz de una migrante, de una originaria, que reniega y se ríe de las diferencias, como horadando ésas acepciones de la mujer que está fuera de las márgenes de belleza, que no siente ni habla.

De las devoluciones que fue recibiendo, Chana sintetiza en una frase “el erotismo es poder y ése poder es revolución”.

 

Amparo Bellot Garvizú

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